Mi hijo se ha convertido en una persona rebelde

mi hijo se ha convertido en una persona rebelde

Probablemente el título del artículo que estés leyendo en estos momentos ha captado tu atención porque se asemeja a un escenario en el que te encuentras viviendo y experimentando actualmente. Por otro lado, resulta evidente saber que el tipo de parentesco que presentas sea de un padre de familia, apoderado o hermano mayor, y por ende, buscas resolver algún tipo de conflicto con alguno de los menores del hogar. Si es así, quédate con nosotros porque estás en el lugar indicado para resolver tus dudas.

El caso del “hijo rebelde” de la familia no es un caso particular, por el contrario, muchas familias alrededor del mundo han tenido que lidiar con sus propios hijos, así sean menores o mayores de edad que aún continúan viviendo bajo el mismo techo de una casa. Es importante analizar con detenimiento a qué se deben este tipo de actitudes y cómo afrontarlas desde temprano para que evitar que en un futuro el “hijo rebelde” no genere situaciones conflictivas dentro de una familia o un círculo social. Por lo general, los casos de rebeldía se suelen identificar a temprana edad, cuando en ciertas situaciones los niños comienzan a evadir los comentarios de sus padres, que tiene como consecuencia a la desobediencia, y en su mayor expresión, las discusiones verbales.

¿Por qué mi hijo es rebelde?

Para entrar en contexto, analizaremos dos casos de una misma situación en los que se logra resolver un acto de rebeldía y en el que no se logra hacerlo. Seguramente te has cruzado con algún video en las redes sociales en el que un niño no mayor de 4 años se encuentra en el supermercado con su mamá realizando las compras y de pronto, este menor se detiene a observar un producto e inmediatamente, genera ruidos hacia su mamá en señal de compra de lo que ha observado. Por alguna razón, la mamá le niega la compra del producto y seguidamente el niño comienza a llorar además de realizar movimientos bruscos con sus manos y piernas (“pataleta”). En ese video, la mamá después de un par de minutos, hace exactamente lo mismo que su hijo, es decir, comienza a imitar sus actitudes. Ante tal situación, la dueña del video declaró posteriormente que su hijo ya no volvió a hacer el mismo “berrinche” públicamente.

La otra cara de la moneda de la misma situación suele ser muy común en los padres de familia. Resulta que para no pasar un momento de presión ante el público a causa de los gritos y llanto de un menor, se comete el error de actuar inmediatamente a favor de las peticiones de los mismos, en otras palabras, un acto de consentimiento. En ambos casos se tiene a un niño que en un posible futuro puede o no llegar a manipular las decisiones de sus padres con respecto a sus peticiones. Además, está más dispuesto a acostumbrarse a los “sí” y no aceptar los “no”.

¿Cuándo realmente comienza a evidenciarse un acto de rebeldía?

Continuando con lo anterior, un niño que ha estado recibiendo la mayoría de sus deseos a su corta edad, no está preparado para aceptar un “no” como respuesta de sus padres. ¿Esto qué significa? La respuesta nos lleva nuevamente al título del artículo, y es que, al no recibir algo que se desea, estos niños buscarán la forma de incomodar o incluso, perjudicar la salud mental de sus padres. ¿Cómo puede ser esto posible? En un futuro cuando este tipo de actitudes no se han logrado resolver a tiempo, la adolescencia puede ser la etapa en la que existan más discusiones que antes. Por lo general, muchas familias que tienen adolescentes suelen acudir a un especialista o psicólogo para que los ayude a “cambiar” las actitudes ya formadas desde hace un tiempo atrás, por lo que resulta un trabajo complicado para los padres, hermanos mayores, e incluso profesores de colegios que se suman a la lista de quejas de comportamiento del adolescente.

Entonces, ¿Cuál es la mejor etapa para resolver este tipo de actitudes rebeldes? Como ya ha sido explicado, una persona comienza a mostrarse rebelde cuando cree que puede lograr sus objetivos por sí mismo, como señal de demostrar a sus padres que no los necesitan para obtener los permisos o peticiones que desean. Usualmente, las series de televisión muestran estos casos que son reales, como cuando un grupo de adolescentes se escapan de sus hogares para salir a divertirse por la noche sin el permiso de sus padres. Estas situaciones no son sorpresivas, ya que por algún motivo, han obtenido un “no” como respuesta y no están dispuestos a aceptarlo. La respuesta consiste en identificar las posibles actitudes en las que exista un acto de consentimiento forzado a temprana edad, tratar de evadirlas con calma y esperar a que se acostumbren a una realidad en la que puedan existir respuestas positivas y negativas.

Mi hijo recién está entrando a la etapa de rebeldía, ¿Qué hago?

Si el menor está entrando a la etapa de adolescencia, lo mejor es que se logre imponer cierto control y dejar en claro cuáles son los límites del hogar. Muchas veces, a causa de actitudes que se han marcado desde pequeños, suele existir un desbalance emocional, y más aún cuando ya se está entrando a la adolescencia y no logran muchas veces lo que desean. Algunos efectos que presentan estos jóvenes son: bajo rendimiento académico, poca interacción social, desobediencia hacia los padres, desórdenes en la salud nutricional, entre otros. Se trata de una cadena, que, como dicho anteriormente, se debe cerrar en los primeros años de edad, es ahí la mejor etapa para evitar que se forme un tipo de comportamiento conflictivo en un futuro. Entonces, ¿Qué se puede hacer cuando el niño ya es un adolescente rebelde? A continuación te dejamos algunos consejos que deberías tomar en cuenta para evitar que se convierta en un problema mayor:

Escuchar y conversar: otro de los problemas a causa de la rebeldía es que los padres tienen poca interacción con sus hijos. Este error es muy común y genera problemas emocionales para el adolescente. Ser escuchado es el primer paso para entender cuáles son los intereses y objetivos actuales del menor. La mejor fórmula que ayuda a entrar en razón a un adolescente, es saber escucharlos sin caer en la discusión. Aun así no parezca agradable escuchar algunos comentarios, es importante establecer límites y dejar en claro que se tiene una relación padres – hijos, donde debe existir respeto mutuo, ausentado la violencia verbal.

Llegar a un acuerdo: Una de las mejores tácticas que ayuda a prevenir un acto de rebeldía, es llegar a pequeños acuerdos desde un comienzo. Muchos padres “premian” a sus hijos cuando obtienen buenas calificaciones o han realizado algún tipo de mérito. Esta actitud es buena cuando no se realiza con frecuencia y solo es usual, es decir, cada cierto tiempo. En lugar de que el menor esté esperando un “sí” como respuesta constantemente, puede esforzarse en obtener un “sí” cuando realmente lo ha merecido. Por otro lado, un acuerdo también consiste en pequeños castigos, por los que el menor ya estará advertido desde temprana edad. Todo depende de una gestión adecuada del tipo de conducta que se desea obtener en un futuro para el funcionamiento de una familia en un hogar.

Acudir a un psicólogo: Si a pesar de que ha habido un esfuerzo de seguir los dos pasos anteriores, persiste una conducta rebelde que pareciera imposible de resolver, aún queda una alternativa profesional. Los psicólogos se encargan de analizar la situación de una familia cuando existen este tipo de problemas y establecer un período de cambio a corto o largo plazo, dependiendo del caso.

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